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Un ingeniero agrónomo uruguayo supo ver en la vaca un activo apropiado para invertir. Hoy administra más de 75 mil cabezas de ganado.

Por Nicolás Degano Agrofy News

El Ing. Agr. uruguayo Pablo Carrasco González encontró en el ganado un activo financiero atractivo para inversores ajenos a la actividad.

«La crisis de la aftosa del 2001 me dejó sin trabajo de la noche a la mañana», arrancó contando el ingeniero agrónomo uruguayo Pablo Carrasco González en el encuentro anual de Az Group.

«Recomendarles tener una crisis me da un poco de vergüenza, si de algo saben (los productores argentinos) es salir de los pozos y darle para adelante», agregó Carrasco González, que luego de la crisis de la aftosa en Uruguay optó por emprender un proyecto que hoy en día maneja más de 75 mil cabezas de ganado con capital de terceros.

 

EL ATRACTIVO DE LA VACA

El Ing. Agr. Pablo Carrasco González, fundador de Conexión Ganadera, destacó que la clave para innovar en cualquier proyecto es ver de manera distinta lo que todos ven de otra forma. En este sentido, «nosotros vimos en la vaca un activo financiero apropiado para invertir, desde ese momento lo tangible pasó a tener otro valor», contó Carrasco, quien destaca los atributos del ganado: tangible, auditable, valuable, liquido, seguro jurídicamente y creciente. «La vaca prácticamente duplica su valor en un año».

Carrasco destacó la misión que los llevó a tener un gran crecimiento: «Es que alguien que no tiene ni idea de la ganadería, lo pueda hacer sin ocuparse y sin pagar costos de aprendizaje«.

Los movimientos de los ganados en Uruguay son documentados de manera triple: «Por un lado, con guías de propiedad y tránsito de la Dirección de Contralor de Semovientes (DICOSE) que ofician de título de propiedad y que son vigiladas por el Ministerio del Interior, por otro por una identificación electrónica en forma de caravana que son controladas por el Sistema Nacional de Identificación Ganadera (SNIG) y por último por la marca de fuego asignada a los propietarios de ganador que resulta único para cada propietario».

«Cuando arrancamos uno ponía el dinero y el otro ponía todas las decisiones, lo que generaba una necesidad de confianza tal que era imposible de masificar». Este aspecto los obligó a ajustar el contrato que se realizaba para la inversión y cambiaron la distribución de riesgos: «La parte del inversor es fija y la del productor ganadero es variable». «Cuidar al inversor era un gran desafío», agregó.

El respaldo de la inversión lo constituye el ganado, cuyo valor se incrementa anualmente. Los derechos del inversor sobre el capital invertido y sus beneficios, se obtienen del cobro de la venta de los animales en el final del contrato: «Este valor supera holgadamente la parte que corresponde al inversor, y de ahí que el respaldo sea tan robusto, al punto de minimizar los riesgos del inversor, aun en situaciones extremas como la aftosa del año 2001 o la sequía del año 2009».

El Ing Agr explicó que la ganadería es «una mezcla de negocios». Uno de «tierras» que representa el 80% de la inversión y genera bajos retornos. Por otro lado, la inversión en ganado que es el 15% y un 5% de «capital de giro», para hacer funcionar todo el negocio. «Invitamos al inversor a ingresar sobre el animal, que es la parte que puede generar retornos interesantes».

Hoy en día el proyecto maneja cerca de US$ 60 millones en cabezas de ganado, con más de 1.000 inversiones que ponen en el circuito hasta US$ 60 mil, con un rodeo total que alcanza las 75.000 cabezas.

El desafío era hacer entrar a inversores en un «negocio desconocido para el ciudadano uruguayo«. Al principio las tasas llegaron a ser del 18% anual para los inversores, y hoy en día se encuentran en torno al 7%.

El camino hasta poder crecer de manera consistente fue largo y Carrasco destaca que una de las claves fue la constancia: «La idea fue muy buena, pero lo difícil es ser constante. En los cruces de camino hay que tomar decisiones muy difíciles».

Ver también: Cómo afrontar la coyuntura de las empresas agropecuarias aplicando neurociencias

En este sentido, una de las claves del plan de negocios era «vamos a ser grandes, porque a los grandes le pasan cosas». Y para ello también apostaron a abarcar la cadena completa y llegaron a exportar con una marca propia a Estados Unidos, el Terruño.

Ser exportadores y tener un producto de calidad tampoco fue fácil. «Es más fácil llevar armas a Estados Unidos que carne», ejemplifica. «Hoy en día nuestra carne es más cara que la langosta en Boston«.

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Pablo Carrasco González en el encuentro anual de Az Group 2019

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