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Por Nicolás Udaquiola, Analista de mercado y asesor comercial en AZ Group.

 

Luego de la campaña 17/18 el productor necesitaba una buena cosecha, al parecer la campaña actual estaría por dar respuesta a esa necesidad. Pero, ¿Qué pasa con las ventas del productor? Y si no llegan, ¿qué esperar para el segundo semestre en términos de precio?

 

El año que estamos transcurriendo no es uno más, estamos ante un año electoral, con perspectivas que podrían cambiar significativamente. En ese ambiente transcurren distintas variables macroeconómicas que afectan al negocio agrícola. Entre las principales que no dejan de cuestionarse los productores, se encuentran: el dólar, las tasas de interés y la inflación. Sin duda que el marco electoral dará mucho que hablar respecto a estos temas porque las mismas se verán afectadas en forma constante con corridas, especulaciones y opiniones.

Con este contexto se encuentra el productor agropecuario que viene de sufrir una de las peores campañas de los últimos 10 años, ocasionada por lo que fue la seca del verano del 2018. Partiendo con ese antecedente y con una campaña de fina muy buena en términos generales, tanto en rendimiento como en precio, aspecto que sirvió para cancelar parte de esas necesidades financieras. Aún así, el productor tenía que consolidar una muy buena campaña de cosecha gruesa para recomponerse del año anterior, mientras que las perspectivas de año niño auguraban buen resultado.

Ya avanzado marzo del 2019, y con lluvias que llegaron para terminar de garantizar buen potencial de rendimientos, las distintas estimaciones rondan en torno a los 47 mill. de t. de maíz y a los 54 mill de tn de soja. Lamentablemente, a medida que se consolidó la producción, el precio avanzaba inversamente para ubicarse hoy en los valores más bajos de lo que cotizó la soja mayo 2019 y el maíz abril 2019.

Si bien los precios disminuyeron en consonancia con lo que ocurrió a nivel internacional, el mercado local se encuentra con un duelo significativo, donde no se sabe quién ganará la pulseada. Por un lado tenemos a la industria y exportación, esperando con las manos abiertas la gran cosecha que se viene. Por otro lado están los productores, con sus necesidades financieras tal cual mencionamos pero que según los datos de la Secretaría de Agroindustria no se ven reflejadas en ventas del productor. Tal es así, que al 12 de marzo solo han comprometido 22,7% de la producción estimada de maíz, de la cual solo 7,8 mill. de t. tienen precio puesto, es decir un 16,6% de la producción estimada. Mientras que en soja hay comprometido por parte de los productores 8,6 mill. (16,2% de la producción estimada) de las cuales solo tienen precio 2,1 mill. de t.

Sin duda que los volúmenes comprometido con precio son bajos, pero si los comparamos con los últimos años en soja son mucho más bajos que el promedio mientras que en maíz está levemente por encima. Uno de los riesgos del negocio en el corto plazo, en términos de precio, es que se sostenga lo que se viene dando desde fines de febrero en ambos cultivos. Las cosechas se consolidan, avanzan y al mismo tiempo lo hicieron las ventas, incrementándose significativamente del ritmo de ventas semanales que veníamos trayendo. De esta manera, el riesgo es que nos encontremos con un mercado muy sobre ofertado en el corto plazo dando píe a que se generen los típicos descuentos de plena cosecha.

A la fecha de hoy todavía vemos un mercado ofreciendo precios para soja en torno a la capacidad teórica de pago de la industria, incluso levemente por arriba. No es así cuando se hace el seguimiento de los forwards, donde se ven valores en torno a los 228 u$s/t similares a la capacidad teórica. Este combo de presión de cosecha ha generado en los últimos años lo que se puede apreciar en el gráfico de la izquierda que son los descuentos típicos que se dan en el mercado respecto a lo que la industria o exportación pueden pagar, teniendo su máxima presión en los meses de abril, mayo y junio.

En este marco, donde los precios no gustan pero las necesidades hay que cubrirlas vemos muchos productores avanzando con ventas de maíz y postergando ventas de soja. Pero, ¿que ver más adelante, cual es la expectativa? En cuanto a lo local, la principal variable sería cualquier complicación en cosecha desde el punto de vista climático, dado que está recién iniciando. Otra causal (si se diera), sería la no venta por parte del productor, para revertir la curva histórica de descuento. Del lado de los precios, las posiciones noviembre con 20 u$s por encima de la mayo, son un atractivo, pero tengamos en cuenta todos los costos para llevar la soja hasta ese mes.

Desde lo internacional hay otras variables que van a seguir pesando en el mercado y afectando la tendencia de los granos, que desde ya serán variables a seguir monitoreando. Entre ellas se destacan la guerra comercial entre China y EEUU, donde se espera una conclusión pero no termina de concretarse; las definiciones de siembra de EEUU, donde si bien se espera que esté país reduzca su área a sembrar no lo hará en la medida necesaria para reducir los stock a niveles del año pasado para soja. Y por último, el clima en EEUU. Ante una nueva campaña esta última variable en la que no se puede influir determinará la tendencia de los granos a lo largo del 2019 desde el momento de la siembra hasta su periodo crítico en los meses de julio y agosto.

 

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